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«El error más común cuando una paciente dice que no tiene ganas”

Es la frase que más se repite en consultas de enfermería, matrona y ginecología de toda España:

«Es que no tengo ganas».

Y la respuesta más habitual que recibe esa mujer es una de estas tres:

«Es normal, con la edad pasa.»«¿Tienes mucho estrés últimamente?»«Habla con tu pareja, a ver si os organizáis mejor.»

Ninguna es mala intención. Pero ninguna le sirve de mucho.

Hoy te cuento por qué, y qué podemos hacer diferente.

 

Primero, hay que romper un mito.

Durante décadas se describió el deseo sexual como algo que aparece solo, de repente, sin aviso. Te pones a fregar los platos y de pronto tienes ganas de sexo. Así funciona en muchos hombres. Y así se construyó el modelo «oficial» de respuesta sexual humana.

El problema es que en la mayoría de las mujeres, el deseo no funciona así.

La investigadora Rosemary Basson lo explicó en sus modelos de respuesta sexual femenina a principios de los 2000, que supusieron una revisión importante del modelo de Masters y Johnson.

Hay dos tipos de deseo.

Deseo espontáneo: aparece sin contexto, sin estímulo previo. Es el que «se supone» que deberíamos tener.

Deseo responsivo: aparece en respuesta a un contexto favorable. Primero viene el estímulo, el contacto, la seguridad, el ambiente. Y después, el deseo.

El deseo responsivo es completamente normal. Es mayoritario en mujeres. Y no es una disfunción.

Pero cuántas pacientes llevan años pensando que están rotas porque no sienten deseo «espontáneamente».

Y luego está el modelo del acelerador y los frenos.

Piensa en el deseo como un coche.

Tienes un acelerador: todo aquello que activa el sistema de excitación. Un tacto, una imagen, una conversación íntima, sentirte deseada, sentirte segura.

Y tienes frenos: todo lo que inhibe ese sistema. El estrés, el cansancio, la imagen corporal negativa, el dolor, los conflictos de pareja, la vergüenza, el miedo a quedar embarazada, la medicación.

Cuando una mujer dice «no tengo deseo», casi nunca es que le falta acelerador.

Casi siempre es que tiene demasiados frenos pisados.

Y aquí es donde tú, en consulta, puedes hacer algo muy valioso:

No hace falta solucionar todo. Pero sí puedes preguntar.

«¿Hay algo que últimamente te quite las ganas, aunque quisieras tenerlas?»

Esa pregunta abre un mundo. Y muchas veces es la primera vez que alguien se la hace.

______________________

En el próximo correo te voy a contar un caso real, con nombre cambiado, que ilustra perfectamente lo que ocurre cuando una profesional sanitaria sí tiene estas herramientas. Y lo que ocurre cuando no las tiene.

Spoiler: el desenlace es muy diferente.

Hasta pronto,

Laura Cámara Enfermera · Matrona · Sexóloga

Coordinadora del Máster en sexología, sexualidad y salud sexual de la mujer. 

 

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