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El MIR: ¿Saber hacer un examen o saber Medicina?

No se escapa a nadie que la convocatoria MIR orienta y dirige cada año a los estudiantes de Medicina. Los que, en breve, pasarán a ser nuestros médicos. La preparación del MIR condiciona sin duda los conocimientos con los que estos jóvenes médicos acudirán a hospitales y centros de salud y se enfundarán sus primeras batas.

Llegados a este punto, conviene preguntarse: ¿es la prueba MIR una buena transición entre el estudiante y el médico? ¿ayuda a formar mejores médicos? Existen detractores del sistema MIR, sectores de opinión que lo considera un mero examen que solo valora táctica y destreza en las preguntas multirrespuesta. Sin embargo, quienes conocemos bien el examen pensamos que es mucho más: se trata de un requisito que obliga al aspirante a conseguir un dominio global de la medicina teórica e, incluso, la práctica basada en casos clínicos e imágenes. No sustituye en absoluto a la práctica y la experiencia clínica, pero deja un excelente caldo de cultivo para que estas últimas prendan con mucha más claridad y eficiencia en las abiertas mentes de quienes superan el MIR.

En definitiva: si no existiera el MIR habría que inventar un sistema que garantizara un alto nivel de conocimientos teóricos integrados de toda la Medicina antes de ingresar al Hospital: una motivación para repasar todos los conocimientos adquiridos durante el Grado.

Algunos dicen que es un mal sistema. Por lo que vemos en nuestro entorno, con repetidos intentos por copiarlo, diríamos que no lo es tanto. Nada es perfecto, y el MIR tampoco, pero consigue, junto con el buen hacer de nuestras universidades, que nuestros médicos comiencen su andadura con un nivel envidiado en el exterior.

 

Fernando de Teresa. 

Coordinador Académico del área de Medicina. 

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