Es de todos conocido que Abraham Lincoln fue asesinado el 14 de abril de 1865, mientras asistía a una representación teatral en Washington. El autor del magnicidio, John Wilkes Booth, se rompió la pierna al escapar y fue atendido por un médico de Maryland llamado Samuel Mudd. Durante la investigación del crimen, el Dr. Mudd fue procesado por complicidad, a pesar de no haber estado involucrado en el plan de asesinato del presidente, y sentenciado a cadena perpetua. Cuatro años después, y tras haber demostrado su solidaria profesionalidad durante una epidemia de fiebre amarilla en la prisión de Florida donde cumplía condena, Mudd obtuvo el indulto en 1869. Los descendientes del facultativo llevan varias décadas intentando limpiar el nombre de su antepasado y, aunque presidentes como Jimmy Carter y Ronald Reagan confirmaron su inocencia, no pudieron revocar los cargos efectuados por el tribunal militar que condenó a este infortunado galeno.
Pilar Díaz Aguilar


