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Diario de una MIR en Urgencias

A raíz de la crisis del coronavirus, como no entrenaba con el Betis y disponía de bastante tiempo, me colegié y, además de ofrecerme como voluntaria, di mis datos al Distrito Sanitario. A las dos semanas perdí la esperanza de que me llamaran, pero lo hicieron un día que venía de la compra y me ofrecieron trabajar en el servicio de Urgencias al día siguiente. Cuando colgué me tomé dos minutos para pensar en toda la situación. Trabajaría haciendo guardias móviles en ambulancias y en centros de salud de 24 horas.

Entonces hablé con mis padres y rubriqué el contrato. En ese momento me di cuenta de que había firmado el primer contrato como médico, lo que yo siempre había querido. Tenía mucha ilusión, pero en las horas previas a la primera guardia le daba vueltas a todo: dudé de si iba a saber manejarme con el sistema del SAS, con los tratamientos… Tenía, sobre todo, respeto a lo desconocido.

Cuando llegué, cambiaba turno a un médico mayor y muy simpático. Aparecí sin fonendo, sin ropa de emergencias… sin nada. Pues él estuvo conmigo todo el tiempo hasta que me dieron de alta y las primeras explicaciones. Mi compañero también era un R0 y con él me dividí las horas de la primera guardia. Todo era nuevo para mí. Era la primera vez que me iba a enfrentar a los pacientes.

Los primeros días tuve la sensación de estar como en prácticas, hasta que me tocó realizar un refuerzo de 9 a 21 horas en el centro donde más afluencia de personas hay. La médica que fue mi compañera me indicó que como mejor se aprende es estando sola. Me recordó que todo el mundo empieza así y estuve sola casi todo el día. Fue la mejor sensación entonces, el día más gratificante y en el que más confianza en mí misma cogí.

Lo que llevo aprendido estos días es que, obviamente, hemos estudiado mucho, pero la realidad no tiene nada que ver. Cuando realmente aprendes es cuando te pones delante de los pacientes. Todos empezamos así y todos estamos cualificados porque hemos estudiado muchísimo. Hay que tener confianza, ser valiente, porque esto da respeto. Siempre hay gente que te ayuda y no tiene que avergonzarte preguntar. Es más importante no equivocarte con un paciente que el que alguien pueda pensar que no sé nada.

Lee aquí la segunda parte

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